Detrás de cada pieza de fruta que llega al consumidor en buen estado, días o semanas después de su recolección, hay una industria con más de 75 años de historia. Nació en Valencia para responder a una pregunta que sigue plenamente vigente: cómo ofrecer fruta apetitosa, sana y segura, sin desperdicio, durante una vida comercial razonable. Repasamos su origen, los factores que la han hecho evolucionar y los retos que marcan su futuro.

Un origen ligado a la exportación de fruta

La industria de tratamiento postcosecha de frutas y hortalizas nace en España en los años cincuenta del siglo pasado, cuando la multinacional estadounidense Food Machinery Corporation, junto con socios españoles, se establece en Valencia.

El contexto lo explica. El Levante español —lo que hoy conocemos como Comunidad Valenciana y Región de Murcia— fue pionero en la comercialización exterior de frutas y hortalizas y contribuyó de forma muy significativa al despegue económico del país tras la guerra civil y los años de aislamiento internacional. Exportar exigía algo más que producir bien: el comercializador necesitaba una industria auxiliar capaz de responder a las exigencias de distribuidores y consumidores europeos.

Ayer, como hoy, esos distribuidores y consumidores querían fruta apetitosa, sana y segura, libre de desperdicio durante una vida comercial razonable. Para dar respuesta a esa demanda surgió la industria de tratamiento postcosecha.

De empresas pioneras a referente internacional

Sobre esa base se desarrollaron tres empresas que convirtieron la industria española de postcosecha en un referente europeo y, puede decirse, también global: Decco Ibérica (1962), Productos Citrosol (1964) y Tecnidex, hoy AgroFresh (1980). Las tres operan en los cinco continentes y sobre toda clase de frutas y hortalizas.

Conscientes de los retos que el sector tenía por delante, en 2005 crearon la agrupación empresarial que hoy se denomina Postharvest Cluster AIE. Su misión resume la de toda la industria: incrementar la vida útil de la fruta fresca, cumpliendo con la normativa vigente y contribuyendo a la reducción de la pérdida y el desperdicio alimentario.

Los cuatro motores de la evolución del sector

Cumplir esa misión obliga a estar muy atentos a cuatro frentes que, durante décadas, han marcado el ritmo de cambio de la industria.

  1. Una legislación cada vez más exigente

La normativa que regula los tratamientos postrecolección, especialmente en Europa, es muy exigente porque su objetivo es garantizar al consumidor que puede comer fruta sin temor: fruta sana y segura. Para ello, las autoridades europeas establecen protocolos de registro que todo producto de tratamiento debe cumplir, y calendarios de revisión que obligan a demostrar que los productos ya registrados siguen cumpliendo con las normas más recientes.

Ese sistema no es un trámite: tiene consecuencias. Productos que en su día estuvieron aprobados dejaron de estarlo al no superar esas revisiones. Es el caso de fungicidas como el miclobutanil, el propiconazol o la guazatina, por citar algunos.

  1. Las necesidades de los comercializadores

En los años setenta y ochenta del siglo XX, la exportación de fruta se dirigía por completo a Europa Occidental, con tránsitos relativamente cortos. El mercado nacional consumía entonces producto de menor calidad, porque la mejor fruta se reservaba para la exportación.

El escenario actual es muy distinto. Algunos comercializadores tienen alcance global, y el mercado nacional es tan exigente como el que más. Eso obliga a poner a su disposición herramientas y productos versátiles, que les permitan enviar su fruta allí donde les indique su estrategia comercial. El resultado ha sido una evolución de gran alcance en la tecnología de recubrimientos y productos de protección: de los primeros recubrimientos formulados con disolventes orgánicos a los actuales recubrimientos en base acuosa, con certificación ecológica y vegana.

  1. Un consumidor cada vez más diverso

Si algo caracteriza al consumidor de fruta actual es lo difícil que resulta clasificarlo: hay consumidores «para todo». Unos quieren, ante todo, que la fruta aguante en casa al menos una semana, su periodo habitual entre compras. Otros buscan fruta «sin residuos», «vegana», «en su punto de madurez», «con sello de sostenibilidad» o «de cercanía».

Exigencias tan distintas requieren respuestas igual de variadas. Por eso la industria de tratamientos postcosecha sigue invirtiendo en I+D+i y desarrollando una paleta completa de soluciones que permita al comercializador ofrecer a cada consumidor lo que busca.

  1. Una tecnología que avanza deprisa

La tecnología evoluciona con rapidez, tanto en los productos como en los medios de dosificación y control. No basta con aplicar el tratamiento correcto: hay que aplicarlo en la medida adecuada.

En productos, el recorrido es largo. Desde que en 1969 Merck Sharp & Dohme registró el tiabendazol para el tratamiento postrecolección, se han incorporado otras sustancias como el imazalil y el ortofenilfenol (1977), el fludioxonil (2015) o la azoxistrobina (2025), además de soluciones basadas en aditivos alimentarios autorizados de diversa naturaleza y productos biológicos.

En la aplicación, el cambio ha sido igual de profundo. En el siglo XX los tratamientos se aplicaban sin un conocimiento detallado de la cantidad que recibía cada fruto en cada momento. Hoy existe tecnología de dosificación y control que asegura, en tiempo real, que cada fruto recibe el tratamiento que se quiere aplicar: ni más ni menos.

Pie de foto: De la aplicación empírica al control en tiempo real: hoy cada fruto recibe la dosis exacta de tratamiento.

El reto que ya no se puede dar por sentado: el consumo

¿A qué otros retos se enfrenta la industria de tratamientos postcosecha? En última instancia, depende de que exista un consumo de fruta fresca vibrante y creciente. Y eso ya no puede darse por sentado, al menos en algunas frutas, como los cítricos.

Un reciente estudio de GfK–NIQ para Postha pone de manifiesto que, en España, el consumo de cítricos entre la población menor de 40 años está bajando de forma alarmante. El consumidor joven parece optar por fruta que pueda comer «sobre la marcha» o de la manera más cómoda posible; pocos jóvenes toman fruta a la manera tradicional, como postre en las comidas.

No es un problema exclusivo de la postcosecha. Toda una industria auxiliar depende del consumo de fruta en fresco: las empresas de maquinaria de clasificación, envasado, etiquetado o frigoconservación. A ese desafío se suma otro que comparte todo el sector: la falta de personal cualificado.

Un futuro que se construye en común

Las mismas capacidades que han hecho evolucionar a esta industria durante décadas —rigor normativo, cercanía al comercializador, inversión en I+D+i y precisión tecnológica— son las que ahora debe poner al servicio de un objetivo más amplio.

El futuro pasa por hacer atractivo al consumidor el consumo de fruta fresca. Y para ello se necesita la suma de esfuerzos, recursos y conocimiento de todos los que formamos la industria auxiliar de la comercialización de fruta. Trabajemos para ello.

Fuentes: Postharvest Cluster AIE. Estudio GfK–NIQ para Postha (2025). Comisión Europea, EU Pesticides Database. Reglamento de Ejecución (UE) 2018/1865.